Inteligencia Emocional

Hoy en día empieza a resonar en muchos sitios el tema de la Inteligencia Emocional. En esta entrada, queremos compartir tres aspectos fundamentales para sembrar y cultivar la inteligencia emocional de tus hijos:

Sentirse queridos, respetados y valorados

Por un lado, como adultos y educadores (ya sea como madres, padres o profesores) debemos procurar reforzar positivamente los logros del pequeño con un reconocimiento abierto: “¡Enhorabuena! ¡Lo has hecho muy bien!”. De esta manera retroalimentamos su motivación frente a las actividades, tareas o dificultades que se les presenten. Para, además, reforzar la autonomía y evitar posibles dependencias de afecto podemos preguntarles cómo se sienten ellos con respecto a su logro. “¿Cómo te sientes tú con lo que has conseguido? ¿Estás contento?”. De esta manera les educamos en la introspección, la identificación de las emociones y generamos espacios de comunicación emocional y de aprendizaje compartido.

Aprender que los fracasos son oportunidades de aprendizaje

Está muy bien valorar sus esfuerzos y sus éxitos, como también es fundamental valorar sus fracasos de manera que puedan sacar provecho de estos de forma proactiva. “¿Qué podemos aprender de esto que ha pasado?“. A menudo ésta es una cuestión que pasamos por alto y que ayuda muchísimo a la autonomía personal así como fortalece la resiliencia personal. Las implicaciones de este trabajo sobre la autoestima son de valor incalculable. El niño aprende a tomar distancia del fracaso (“el fracaso no me define“) y a impulsarse personalmente a partir de ellos. Va aprendiendo a construir su vida desde la persistencia y la actitud positiva. Esto les ayuda a remontar más rápidamente situaciones adversas o complicadas de la vida, reforzando estados de felicidad. De nuevo, es fundamental reforzar este trabajo con una pregunta para ver cómo se sienten ellos ante el fracaso. “¿Cómo te sientes con esto que ha sucedido?“.

Incluir a los pequeños en el día a día

A menudo preparamos aquello especial o el fin de semana sin contar con la opinión de los más pequeños. A menudo nos convencemos de que el criterio de los niños es incompleto o “que no puede dar la talla”. Particularmente creemos que éste es un error de consecuencias nefastas para la autoestima, la autonomía y el desarrollo emocional del niño. Como miembros de la familia ellos tienen ganas de participar activamente; podemos aprovechar esta energía para incluirlos en las decisiones del tiempo y el espacio compartidos. Así, favorecemos su implicación y compromiso con las cosas de alrededor, la vida, las personas y consigo mismos. “¿Qué quieres hacer este fin de semana?“.

Conclusión

Como veis, introducir estos tres aspectos en el día a día favorece una comunicación emocional más fluida. Y permite un desarrollo más sano para el niño, con actitudes más comprometidas, positivas y excelentes.

¿Te apetece contarnos tu experiencia?

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