En entradas anteriores hicimos una anatomía de la ira, analizando las posibles respuestas, especialmente en la toma de conciencia de nuestra respuesta corporal fisiológica. En esta entrada me gustaría poner énfasis en la importancia de nuestros pensamientos a la hora de “activar” las emociones. Veíamos que la ira es una emoción primaria que sirve para defendernos de algo o alguien que vulnera nuestra supervivencia; en el momento actual, incorporamos nuestra integridad psíquica en el valor de la supervivencia, ampliando el abanico de situaciones que pueden hacernos sentir vulnerables y atentar contra nosotros. Comúnmente lo llamamos “sentirnos pisoteados” o “sentirnos ninguneados”. Por tanto, podríamos entender la ira como un botón de emergencia para sacarnos de algún apuro. Pero, ¿qué papel juega nuestro pensamiento en la activación de este botón?

Seguramente muchos de vosotros habéis podido comprobar situaciones o personas hacia las que os sentíais de una manera determinada y, de repente, al cambiar vuestro pensamiento ¡habéis sentido algo diferente! Personas a las que adoramos hasta que descubrimos una parte oscura (quizás sea que abusan de nosotros o de otros, episodios de infidelidades…), o personas que no tragábamos por diferentes motivos y, un buen día, descubrimos una parte maravillosa que nos hace verlos de otra manera. Nuestra mente formula y reformula juicios constantemente con todo lo que pasa a nuestro alrededor, y esos juicios activan emociones como el amor, la tristeza, la alegría, la compasión, el miedo… la ira.

Por tanto, a la hora de comprender nuestra ira, es importante que acudamos a nosotros mismos, nos miremos y analicemos cuáles son los pensamientos que activan nuestra emoción. Como siempre, hacer un registro inicial puede arrojar mucha luz en la comprensión de nosotros mismos. El truco: Intenta divertirte con tus registros, ya sea jugando con palabras, imágenes, colores, texturas… que evoquen de manera clara todos aquellos pensamientos que activan tu ira.

Registro

Este registro de nuestros pensamientos nos ayudará a comprendernos mejor y a poder gestionar mejor nuestras emociones. ¿Qué cosas me enfadan? ¿Tengo localizados mis límites donde no quiero que los demás pisen? ¿Cómo me gustan que seas mis relaciones? ¿O qué cosas no quiero tolerar en mis relaciones? ¿Qué cosas me molestan de mí misma y me producen rabia? ¿En qué situaciones me veo inmersa y me gustaría salir de ahí? ¿Cómo me hacen sentir las cosas que pasan en mi trabajo? ¿Y con mis amigos? ¿Y en casa? ¿He detectado alguna manía, algún tic? Un registro puede ayudarnos a conocernos en tantos aspectos…

¿Te atreves?

Un comentario sobre “Gestionando la ira: el registro emocional

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