“No valgo para nada”

AutofobiaNo valgo para nada“. Con esta expresión se refería a sí misma una chica de 16 años en consulta; y no era la primera vez que lo oímos, sino que en los grupos de trabajo emocional en escuelas es algo que está a la orden del día, claro síntoma de una baja autoestima y un elevado sentimiento de inseguridad y ansiedad personales.

La autofobia se define como el persistente, anormal e injustificado rechazo hacia una misma, acompañado de una preocupación excesiva a no ser amada o de ser ignorada. Normalmente, las personas que padecen autofobia pueden caer en la trampa del victimismo. Esto les permite hallar siempre una excusa para los pensamientos negativos, confirmando de nuevo su mentalidad de víctima. Atrapados en esta espiral, ven como su entorno más inmediato se deteriora poco a poco, agotados por el cansancio de la queja continua, de las exigencias desmesuradas… Precisamente una madre ponía hincapié en su agotamiento vital con respecto a su hija (padece autofobia) explicando que sentía que “tira demasiado de mí, nada de lo que hago es suficiente y todo lo que digo lo tergiversa. Si le felicito por las notas, por ponerte un ejemplo, me dice que con su hermano fui más efusiva. Todo lo que digo se lo toma a mal y ya no sé qué más hacer… Siento que estoy tremendamente agotada“.

¿Cómo empieza?

  • En adolescentes el problema suele arraigar en un desagrado hacia algún aspecto de ellos, normalmente el físico.
  • La persona puede desarrollar sentimientos de culpa al creer haber hecho algo que no debía. Bajo los propios parámetros de su moral y ética, se castiga a través del rechazo hacia sí misma.
  • Otra causa puede ser el sesgo negativo a través del cual la persona interpreta la realidad y significa su mundo interior.
  • A menudo el problema aparece con la sensación de bloqueo emocional y pensamientos recurrentes de fracaso.
  • Una red social débil y el desapego psicoafectivo o emocional también puede marcar a la persona hasta el punto de desarrollar problemas de rechazo hacia sí misma.

Todos en algún momento de nuestras vidas tenemos dudas hacia nosotros mismos. “No voy a ser capaz de llevarlo a cabo”; “¡qué mal me sienta este traje!”, “qué lenta que soy…”, “es culpa mía”, etc. La diferencia fundamental radica en que estos pensamientos o estas sensaciones son puntuales. Sin embargo, la autofobia constituye un rechazo vital, una forma de estar en el mundo, que si no se trabaja puede acabar minando por completo la autoestima llevando a la depresión o a la ansiedad crónicas.

Me odio

¿Qué podemos hacer?

Para atajar la autofobia es necesario trabajar en tres niveles:

  1. Pensamiento: Es importante empezar a parar atención a qué tipo de pensamientos tengo sobre mí mismo, con qué expresiones me defino y me identifico, qué tipo de vocabulario utilizo conmigo. Para ello siempre recomiendo hacer un registro diario sobre mis propios pensamientos. Una vez detectado mi pensamiento recurrente y mis creencias limitantes (sesgos cognitivos), se trata de visualizarme a mí misma dentro de un año: ¿dónde estoy?, ¿con quién?, ¿qué hago?… A partir de esta visualización, marcamos un objetivo a 1, 3, 6, 9 y 12 meses, por orden de prioridad.
  2. Cuerpo: Es vital incorporar la relajación y la meditación en nuestro día a día. A través de la relajación, mediante técnicas de respiración, aprendemos a serenar nuestro interior; a través de la meditación nos centramos en el aquí y el ahora, prestando atención a lo esencial. 10 minutos al día son imprescindibles para empezar a coger ritmo. Muy importante también: haz deporte para activar tu cuerpo y tu mente y liberar endorfinas; te hará sentir bien. Y fundamental: Descansa y come de forma equilibrada y sana.
  3. Emoción: Sentados en un lugar tranquilo podemos enviarnos mensajes de amor: “Yo soy un ser humano digno y adorable”, “Me amo por lo que soy y hago”… Cuando somatizamos la ansiedad, es fundamental encontrar canales para expresarla y desalojarla de nosotros. Expresa (escribe, dibuja, canta, interpreta…) qué sientes en ese momento, ponle imágenes, palabras a tu mundo interior, defínelo. Aprende a seleccionar mejor tus relaciones personales y fortalece tu red social más íntima. Cultiva la compasión hacia ti misma y hacia los demás. Empieza a disfrutar de la aventura de vivir poniendo una sonrisa a cada nuevo día.

El truco: Ríe y sácale brillo a tu sentido del humor. La risa tiene efectos muy terapéuticos en nosotras y potencia estados de felicidad.

Risa

¿Necesitas ayuda?

Cada caso es particular. Si sientes que necesitas ayuda de un profesional para superarte, déjanos tu consulta. Estaremos encantadas de ponernos a tu servicio. ¡Ánimo! :)

2 comentarios sobre ““No valgo para nada”

  1. Es un tema que me afecta como padre, aunque mi hija tiene solo 5 años y está algo lejos de lo que explicas en la entrada. Tiene pensamientos de “no voy a ser buena en esto”, están relacionados con aprendizajes: “nunca voy a aprender a leer” “no soy capaz de aprender a montar en bici”, de los que salen pensamientos más amplios de “no valgo” o “no soy válida” y utilizar la pena como emoción instrumental para que le hagan caso… pienso que como padre no estoy teniendo una buena estrategia de superación de este punto.

    1. Mi experiencia muestra que este tipo de pensamiento no es exclusivo a partir de determinada edad, sino que cada vez niños con edades más tempranas instrumentalizan las emociones para ser atendidos psicoafectivamente. Como padre le diría que la estrategia fundamental es ser modelo de aquello que quiere que su hija aprenda. ¿Cabe la posibilidad de que su hija esté reflejando un patrón frente a las emociones “copia” de los padres? ¿Qué tipo de mensajes lanzan hacia los logros de su hija? ¿Cómo se relacionan con sus propios éxitos y fracasos? Cada caso merece una atención especial; si cree que puedo servirle de ayuda no dude en contactarme en juditmf@gmail.com; estaré encantada de ponerme a su servicio :)

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