Hace unos meses os hablábamos de la gestión de la ira y la importancia de hacerla nuestra para utilizarla a nuestro favor. Para ello, el primer paso importante es observar nuestro cuerpo y comprender sus propios mecanismos de aviso. De esta forma, podremos tomar conciencia de cuándo nos estamos airando y actuar de una forma sana para nosotros y nuestro entorno.

Veíamos en el anterior post que algunos síntomas corporales eran una peculiar expresión facial, cierre de los puños, aceleración del ritmo cardíaco, aumento de la frecuencia respiratoria, subida de la temperatura, crispación muscular… ¿qué modificaciones corporales experimentas tú cuando la ira se apodera de ti?

Para responder esta pregunta os proponemos hacer un seguimiento basándonos en la siguiente tabla:

Día y hora

Situación

Modificaciones corporales

En nuestro registro es muy importante marcar el día y el momento del día en el que se suceden episodios donde la ira tiene un papel protagonista. De esta forma, podremos hacer análisis posteriores y sacar conclusiones que nos pueden facilitar un soporte importante a la hora de ayudarnos a gestionar eficientemente la ira.

También es importante hacer una breve explicación de la situación en la que se ha desencadenado nuestra ira. Esto nos puede dar pistas a posteriori sobre posibles desencadenantes, argumentos recurrentes, etc. que forman el caldo de cultivo para la aparición de nuestra ira.

Finalmente, con efectos prácticos a lo que venimos explicando en este post, marcar las modificaciones corporales nos ayudará a tomar conciencia de nuestro cuerpo, parando la atención necesaria para descubrir las alarmas que nos facilita y prevenirnos del secuestro emocional. Esta concienciación de nuestro cuerpo nos ayudará a gestionar de una forma más sana y positiva la ira, facilitando un trabajo posterior que iremos explicando en futuros post.

Sería conveniente comprometernos con nosotros mismos a rellenar las casillas de esta tabla con el objetivo último de entrenarnos en la autoobservación, en la atención plena de nuestro cuerpo, incluso en momentos estresantes. Si bien con la práctica llegará un momento en que seremos capaces de autoobservar nuestro cuerpo en el mismo momento en que somos presa de nuestra ira, no pasa nada si al principio no es así. Lo importante es recordar rellenar la tabla cuando ya estemos calmados, y hacer el ejercicio con una mirada retrospectiva. Poco a poco iremos aprendiendo a autoobservarnos, como decimos, incluso en los momentos más estresantes, en pleno secuestro emocional.

De forma orientativa, os recomendamos que antes de empezar a sacar conclusiones nos permitamos rellenar una decena de casos en los que la ira se ha apoderado de nosotros. De todas formas, esto es muy subjetivo; si tú ves claro un patrón de conducta, haz caso a tu instinto, porque nadie mejor que tú sabe cómo funcionas. Utiliza nuestras directrices como una guía, pero adáptalas a tus necesidades; amplía, omite o modifica a tu conveniencia. Es la mejor forma de estar siempre cerca de ti.

Y como siempre, si tienes cualquier duda o necesitas alguna aclaración, puedes dejarnos un comentario al pie de este artículo. Cualquier sugerencia será igualmente bien recibida. Prometemos responder a la mayor brevedad posible. Gracias por el tiempo que nos has regalado y hasta el próximo artículo ;)

3 comentarios sobre “Gestionando la ira: conciencia del cuerpo

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