Mamá, necesito ayuda pero no así

Mamás, papás: ¡Respirad!

Como bien sabéis, Aula EdEm dedica sus servicios a tres ramas fundamentales: Psicología coaching o crecimiento personal, Educación Emocional y Psicopedagogía. Es en esta última rama donde a menudo me topo con situaciones complejas ya que nos encontramos varios educadores del niño: papás, profes y profesionales (mi caso), cada uno con una misión diferente pero a la vez igual: educar. Centrándonos en la educación académica, la cosa se complica si añadimos que nadie nos ha enseñado a enseñar, que las situaciones socio-económicas de los hogares son delicadas y tensas y que a menudo nos falta confianza en los demás para delegar espacios y trabajos (en cualquiera de los ámbitos de nuestras vidas). Con este cóctel podréis entender la complejidad para mantener un equilibrio estable y saludable entre las partes.

Taburete

Para mantener ese equilibrio cada uno de los actores debe tener claro los límites de su función, espacio y medios de manera que los otros educadores puedan cumplir con sus objetivos de una manera cómoda y eficaz. La confianza, entonces, se hace fundamental para que todos nos podamos entender y funcionar. Para hacer más gráfico lo que os explico, imaginemos que cada uno de los actores es una de las patas de un taburete (véase la imagen que adjunto arriba). Cada pata debe tener su espacio para poder sostener en equilibrio el taburete (taburete de la izquierda). ¿Os imagináis qué puede pasar cuando una pata intenta corregir a otra pata? (taburete de la derecha). En ese preciso instante, la pata deja su sitio para acercarse a la otra pata a corregir su “postura”. Y es entonces cuando el taburete cae. ¿Qué gana el niño con decirle yo a una mamá qué valores inculcar a su hijo? ¿De qué sirve decirle al profesor cómo tiene que hacer su trabajo? Entonces, ¿qué beneficios obtiene el niño cuando una mamá quiere controlar mi función hasta el punto de decirme qué tengo que hacer y cómo lo tengo que hacer?

¿Qué pasa cuando la mamá necesita tenerlo todo controlado y que las cosas se hagan como ella cree que se deben hacer? El equilibrio se rompe porque una de las patas deja de hacer su función para cubrir la función de otra pata. Es en este momento cuando la tríada educativa entra en la paradoja educativa: “quiero educar tanto que al final no educo nada”. O caemos en la deseducación, que es aun peor. Si nos paramos a pensar, mi función es una muy concreta: detectar las dificultades académicas de los chavales y ayudarles a gestionar sus propios recursos para que encuentren su camino de aprendizaje excelente. El problema es que muchas veces me encuentro que no se me contrata para esto sino para subsanar errores de otras patas.

EstresEn un caso reciente con el que ya trabajé el curso pasado está sucediendo algo parecido a la paradoja. Trabajamos las áreas de inglés y matemáticas, y los resultados del curso pasado fueron excelentes. Sin embargo, parece ser que en estas áreas la escuela tiene un déficit de profesionales cualificados que impartan las asignaturas. Las profesoras de inglés y de matemáticas para un curso de sexto de primaria han cogido el hábito de asignar ejercicios que se autocorrigen entre los compañeros y que no tienen ninguna explicación teórica previa salvo la que puedan leer en los libros escolares de las materias o Google. Las pocas veces que explican la teoría es incorrecta lo cual confunde a los alumnos. En casa, los papás han de hacer un sobreesfuerzo tras sus jornadas laborales para cubrir todos los deberes que exigen en el cole. En este contexto me pidieron los papás del alumno que me encargara por completo de las asignaturas de inglés y matemáticas para este curso, de manera que pudiera poner un poco de orden. Sin embargo, de un tiempo para aquí me encuentro con que los papás tienen la oreja puesta durante las sesiones, les oigo comentarios sobre lo que su hijo no sabe (muchas veces con contenido subliminar contaminante), me corrigen en cómo debería dirigir las sesiones, qué debería hacer y qué no debería hacer… La situación se ha vuelto asfixiante e incómoda; sencillamente no puedo realizar mi trabajo porque nunca está bien pese a los excelentes resultados que el chico está obteniendo en los exámenes de este curso (la nota más baja ha sido un 6,9). Las comparaciones de mi trabajo con la escuela son constantes. No dejan de repetirle al niño que no se sabe la teoría y cuando el chico les explica la teoría insisten en que no se la sabe, lo cual está generando un estrés en el niño nada sano. La motivación del chico ha caído en picado, la atención comienza a fallar de forma alarmante. ¿Y todo porque los papás están saturados y no saben gestionar esta situación?

¿Quién sale beneficiado de todo esto? Nadie. Por tanto, mamás y papás, es importante que en situaciones extremas cada uno tenga claro su papel para no añadir más dificultades innecesarias. Si no estáis conformes en cómo funciona la escuela tenéis varias opciones que van desde una denuncia hasta sacar a vuestro hijo del colegio. En cualquier caso, bajo ningún concepto debéis dejaros arrastrar por la situación, ya que vosotros sois el modelo que vuestros hijos seguirán el día de mañana. Pensad por un momento: ¿cómo queréis que vuestros hijos afronten estas situaciones de estrés? ¿Queréis que sufran y se rindan? ¿O queréis que sepan gestionarlas de una forma sana y eficaz? Pensad y haced aquello que queréis que vuestros hijos hagan el día de mañana. Insisto: vosotros sois modelo. Por otro lado, si habéis tomado la decisión de buscar ayuda profesional, confiad en sus capacidades y centraros en los resultados. El proceso ya no os corresponde, sino que ahora es algo entre vuestro hijo y el profesional. Si los resultados son favorables, dejad que el profesional actúe con libertad; es importante que entendáis que el tiempo que el profesional pasa con vuestro hijo trabajando es exclusivo de ellos, no os corresponde a vosotros. Si los resultados no os convencen, entonces despedid al profesional. No existen términos medios ni otras formas de encarar esto. Cada educador tiene que tener su espacio para que el equilibrio se mantenga de una forma sostenible. Así que, mamás y papás, ¡respirad y dejad respirar!

Una hoja de otoño en mitad del invierno, rezagada. Una perla en mitad del desierto, perdida. La ola que irrumpe en la montaña, osada. Soy yo, soy tú. Silencio.

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